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Pensamiento y aprendizaje · Tecnología y sociedad

Primero haz que exista. Después, hazlo mejor.

TEXTO PROPIO

Reflexión propia publicada en LinkedIn a partir de una imagen compartida. Se conserva el texto íntegro; el título y la descripción de esta ficha son editoriales. La imagen citada puede consultarse en la publicación original.

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Vi esta imagen y me dejó pensando bastante.

Make it exist.
Make it work.
Make it good.
Make it better.

Primero haz que exista.
Después haz que funcione.
Luego hazlo bien.
Y finalmente, mejóralo.

Parece una idea bastante sencilla, pero creo que detrás hay una diferencia cultural mucho más profunda sobre cómo entendemos el error.

Al menos desde mi experiencia creciendo y estudiando en Perú, siento que gran parte de nuestra educación estuvo orientada a enseñarnos a no equivocarnos.

El ejercicio tenía una respuesta correcta.
El examen debía resolverse bien.
El trabajo debía entregarse terminado.
El error restaba puntos.

Y con los años terminamos interiorizando algo que quizá nunca nos dijeron explícitamente:
equivocarse está mal.

No solamente académicamente.
Casi moralmente.

Nos incomoda mostrar algo incompleto. Nos cuesta decir «me equivoqué». Muchas veces preferimos justificar el error, esconderlo o trabajar mucho más tiempo antes de enseñar algo porque queremos que, cuando los demás lo vean, parezca que siempre tuvimos la respuesta correcta.

Pero la ingeniería me terminó enseñando prácticamente lo contrario.
En ingeniería sabemos que los errores van a ocurrir.

Por eso existen ambientes de desarrollo, QA, staging, simulaciones, prototipos, pruebas y finalmente producción.

No intentamos eliminar completamente el error.

Intentamos que equivocarnos sea barato.

Que falle donde pueda fallar.
Que falle pronto.
Que el impacto sea pequeño.

Y, sobre todo, que podamos aprender algo de ese fallo.

Porque un error controlado también es información.

Quizá por eso me resulta interesante comparar esta forma de pensar con culturas de ingeniería mucho más orientadas a la iteración:

construye algo → pruébalo → rómpelo → entiende por qué falló → vuelve a construirlo.
No porque equivocarse sea bueno por sí mismo.

Sino porque pretender acertar siempre a la primera puede terminar siendo una barrera para aprender.

Y ahí creo que hay una conversación que deberíamos tener también desde la educación.

¿Qué pasaría si desde pequeños no solamente premiáramos la respuesta correcta, sino también la capacidad de probar, equivocarse, entender el error y corregir?

¿Qué pasaría si un estudiante pudiera decir:
«Esto estaba mal, entendí por qué y ahora puedo hacerlo mejor»

y eso fuera considerado parte natural del aprendizaje?
Porque quizá el problema nunca fue querer hacer las cosas bien.
El problema aparece cuando creemos que hacerlas bien significa no habernos equivocado nunca.

Cuando muchas veces ocurre exactamente lo contrario:
las cosas terminan siendo buenas porque antes estuvieron mal muchas veces.
Tal vez deberíamos enseñar menos miedo al error y más capacidad para iterar.

Primero haz que exista.
Después haz que funcione.
Luego hazlo bien.
Y entonces… hazlo mejor.

La conversación continúa.

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