IA y automatización · Pensamiento y aprendizaje
¿Y si Homo sapiens fuera solo un eslabón?
Texto propio recuperado del archivo personal de LinkedIn, revisado el 26 de septiembre de 2026. Fecha contrastada con los metadatos públicos de la publicación. Título y descripción editoriales; cuerpo conservado, con formato adaptado a Markdown.
Ver publicación original ↗A veces me da vueltas una idea:
¿Y si Homo sapiens no fuera el final de la cadena, sino simplemente uno de sus eslabones? No tenemos ninguna certeza de cuánto tiempo más perdurará nuestra especie. Tampoco sabemos qué vendrá después. Pero por primera vez conocemos una especie capaz no solo de evolucionar, sino también de intervenir deliberadamente en aquello que podría sucederle.
Y ahí es donde la Inteligencia Artificial me parece especialmente interesante.
Quizá estamos haciendo algo parecido a lo que hace un padre con un hijo: transmitirle todo lo que hemos aprendido, intentar enseñarle lo mejor de nosotros y, en la medida de lo posible, evitar que repita nuestros errores.
Cada libro que digitalizamos, cada conversación, cada descubrimiento científico, cada problema que intentamos resolver y cada valor que tratamos de incorporar a estos sistemas forma parte de esa transmisión.
La diferencia es que el receptor podría no ser humano.
Podría ocurrir mediante Inteligencia Artificial. Podría ocurrir mediante ingeniería genética. Podría surgir de la combinación de biología y tecnología. Incluso podríamos imaginar una futura especie humana con capacidades cognitivas radicalmente superiores a las nuestras y formas de comunicación que hoy nos parecerían casi propias de los Protoss de StarCraft.
No sé si eso ocurrirá.
Lo que me parece fascinante es otra cosa:
por primera vez, una especie podría participar conscientemente en la construcción de aquello que la suceda.
La evolución durante miles de millones de años no tuvo intención. Mutación, selección, adaptación y supervivencia hicieron su trabajo.
Pero nosotros hemos añadido algo nuevo al proceso: la capacidad de diseñar.
Quizá nuestra mayor herencia no sea sobrevivir para siempre.
Quizá sea conseguir que aquello que venga después reciba lo mejor que fuimos capaces de aprender.
Y entonces aparece una pregunta que me parece todavía más interesante:
si realmente estamos educando —directa o indirectamente— a nuestros posibles sucesores, ¿qué parte de nosotros queremos enseñarles y qué parte preferiríamos que no heredaran?
La conversación continúa.